lunes, 3 de febrero de 2014

otra vez tres semanas sin chocolate

tres semanas sin chocolate, sí, sí, sí tengo que cumplir otra de mis promesas porque hoy Paulo ha encontrado mis gafas, maldición! aquellas que había perdido antes de Navidad y por las que había hecho esta última promesa: no comer chocolate durante tres semanas, 21 días, 504 horas 30240 largos segundos. Ya casi la había olvidado porque se solucionó reciclando unas antiguas y realmente ya no me hacían falta, por lo tanto, la promesa era del todo innecesaria y muy exagerada, pero siempre me pasa lo mismo. Odio perder las cosas y mucho más las importantes, solo hago este tipo de promesas por ellas, ofrezco un enorme sacrificio, como no comer chocolate en ninguna de sus formas a cambio de encontrar lo que tan desesperadamente busco; La primera semana la ofrezco enseguida, si pasados unos días sigo sin encontrarlo ofrezco la segunda y ya cuando la desesperación me consume, he buscado por toda la casa y estoy claramente obsesionada ofrezco la tercera, por el momento nunca más de tres, hasta el momento nada ha merecido esa inmolación... La verdad es que he cumplido siempre realmente agradecida, no diré contenta, pero el hallazgo lo merecía, Esta vez es peor, sufro más ya que no merecía 3 semanas, es muy cruel pero claro, una vez hecha la promesa no me puedo echar atrás. Dios mío! justo ahora que lo necesito más que nunca, en estos días en los que soy más vulnerable a todo, los cambios de humor me atormenta la agresividad, la irritabilidad a flor de piel, síntomas que únicamente se mitigan con grandes dosis de cacao. La tentación esta aquí, en mi casa, en mi cocina, para colmo tengo provisiones para un holocausto nuclear!!! Es cierto que nunca es un buen momento para dejar el chocolate, siempre es malo privarse de algo que te gusta mucho, pero si a la vez lo necesitas, te da tanta paz y sosiego, es todavía mucho peor... puedo soportar el síndrome de abstinencia con algunas grasas saturadas: mucha mantequilla con sal, paratas fritas y desde luego la sobrasada, menos mal que me queda una entera, si no me muero, está comprobado que este tipo de alimentos aumentan el colesterol pero calman la ansiedad. Los adictos somos así, cambiamos una sustancia por otra, mi proceso de desintoxicación temporal sigue las siguientes fases: los primeros días son los más arduos de superar, una vez has pasado el décimo la cosa mejora un poco, si no lo ves ,claro, pero la resignación es mayor y la fuerza para alcanzar el objetivo aumenta hasta que empieza la cuenta atrás y llegan los tres últimos días, en los que ya solo cuento las horas que me faltan y el día antes no dejo de imaginar el banquete que me voy a dar, me duermo pensando que es el último día de condena y que cuando me despierte seré libre de nuevo, esa sensación de proyección de felicidad es incomparable, hoy he ido tres veces al armario del chocolate y justo cuando veía su deseada puerta me acordaba, no puedo, y pensaba todavía me quedan 20 días de suplicio,